En los siguientes enlaces podéis ver una entrevista y un homenaje de Concha Méndez
Entrevista con Concha Méndez https://mediateca.inah.gob.mx/repositorio/islandora/object/entrevista:848
Homenaje a Concha Méndez
https://www.youtube.com/watch?v=I4b0ggRIYp4
Concha Méndez habla de Luis Cernuda
Conferencia y exposición sobre las poetisas del 27
Villancicos de Concha Méndez
“Que se enciendan de naranjas
los naranjales en flor
¡Que al mundo vino un amor!
En la ramita más alta,
cante el pájaro cantor:
¡Que al mundo vino un amor!
Y los prados que se vistan/ con su manto de verdor
¡Que al mundo vino un amor!
“¡Que vengo cansado
de buscar al Niño
y no lo he encontrado!…
¡Que un ángel me guíe
adonde Él está.
Mis ojos lo vean,
que es Navidad!
“¡Un pino verde,
el más verde de todos,
para el que duerme;
que le gustará verlo
cuando despierte.
Y de sus ramas,
le colgaremos guindas,
rojas manzanas!
“El jardinero, madre,
cortando está el jardín
rosas de invierno, que cuida,
mejores que las de Abril.
“¿Para quién son esas rosas,
para quién las cortas, di?”
“Para un niño que ha venido
al mundo como un jazmín.”
“¿Qué leva el borriquillo
en sus albardas?
Avellanas y nueces,
queso de cabra.
Porque va a Belén lleva
paso ligero
quiere que su regalo
sea el primero.
“Decía un galapaguito
a un hermoso ruiseñor:
“Si yo tuviera tu pico,
tus alas y tu color,
no estaría aquí cantando
en esta rama sin flor;
me iría a Belén y al Niño
le sirviera de cantor.
“Marineros de la mar
llevan al Niño feliz
arbolitos de coral;
los otros, peces con sol
en vasijas de cristal.
Y el más joven de entre ellos,
los nácares escogidos,
brillantes los tornasoles,
por sus manos bien pulidos.
“Hay una Luna redonda
que está mirando a la Tierra.
“Dime Lunita ¿qué miras/
con tu cara de tristeza?”
“Miro –contesta la Luna–
al Niño que en Belén sueña.
Si estoy triste es que no puedo
bajar a verle de cerca.”
“Mariposa, préstame
tus alas de terciopelo
que hasta el Portal de Belén
quiero llegar en un vuelo.
Escarabajito soy,
alto no puedo volar;
si no me las prestas tú
nunca podré llegar.
“El panaderito
sale hacia Belén;
lleva en su canasta
las tortas con miel
y pan con almendras
que acaba de hacer.
La panaderita
con él va también.
“¡Que suenen las panderetas
que el Niño ha nacido ya,
que la Tierra se estremece
de tan alegre que está
Ángeles de las alturas,
venid que es la Navidad
“Una sirenita escoge
y guarda en redes de algas,
las más finas caracolas
por la arena de las playas.
¿Para quién buscas sirena,
estas joyas de la mar?
Para que el niño con ellas
pueda contento jugar.
“El monte dijo al camino
que va al portal de Belén:
“¡Quién fuera tú que hasta el Niño
llegas y lo puedes ver!
“Palomita mensajera,
tan blanca como la nieve,
lleva al niño este anillito
y dile que me recuerde,
que yo soy aquella niña
que le llevó lirios verdes.”
Otros poemas de Concha Méndez
Voy y vengo
Voy y vengo,
Marinera del último puerto,
Mariposa del último cielo.
Voy y vengo.
En la ruta,
mi bandera de soles enciendo;
mi bandera de soles ardiendo.
Y en mis alas,
relucientes van todos mis sueños.
Vida: noche.
En mi noche mis luces luciendo...
(Londres, 1929)
Travesía
A mis amigos de la Argentina
El mar mece mi navío,
y yo en la toldilla de popa,
(sintiendo el corazón mío...)
voy navegando hacia Europa.
La Cruz del Sur quedó atrás;
nos da escolta todavía...
¡Aún la verá un día más
igual que ALLÁ la veía!...
Y después, serán otros soles,
los que alumbren mi destino;
estos astros –ya españoles–
que me salen al camino...
Los del Sur y los del Norte
los llevo en mi corazón...
los llevo en mi pasaporte...
los llevo en mi corazón...
Van doblemente encendidos,
porque en mi fondo les doy
todos mis sueños dormidos...
lo mejor de lo que soy.
Alta mar, julio 1931
Voy por ti
Voy por ti, segundo niño,
segunda cuna en el tiempo,
que la primera, vacía,
quedó hecha niebla de sueño...
Voy por ti, la sangre llama,
la sangre quiere recuerdos...
para cuando ya no esté
en este mundo mi cuerpo.
No nací para ser lago
remansado, humilde, quieto,
sino mar de mil orillas
de calma y tormenta lleno;
no nací para quedarme
en un rincón del invierno,
heladas mis manos quietas,
sí para empuñar aceros
encendidos como antorchas
con que abrir caminos nuevos.
1616 (Londres) núm. 10 (1935)
A Concha Méndez y Manuel Altolaguirre
El niño Stanton
Do you like me?
-Yes, and you?
-Yes, yes.
Cuando me quedo solo
me quedan todavía tus diez años,
los tres caballos ciegos,
tus quince rostros con el rostro de la pedrada
y las fiebres pequeñas heladas sobre las hojas del maíz.
Stanton, hijo mío, Stanton.
A las doce de la noche el cáncer salía por los pasillos
y hablaba con los caracoles vacíos de los documentos,
el vivísimo cáncer lleno de nubes y termómetros
con su casto afán de manzana para que lo piquen los ruiseñores.
En la casa donde no hay un cáncer
se quiebran las blancas paredes en el delirio de la astronomía
y por los establos más pequeños y en las cruces de los bosques
brilla por muchos años el fulgor de la quemadura.
Mi dolor sangraba por las tardes
cuando tus ojos eran dos muros,
cuando tus manos eran dos países
y mi cuerpo rumor de hierba.
Mi agonía buscaba su traje,
polvorienta, mordida por los perros,
y tú la acompañaste sin temblar
hasta la puerta del agua oscura.
¡Oh mi Stanton, idiota y bello entre los pequeños animalitos,
con tu madre fracturada por los herreros de las aldeas,
con un hermano bajo los arcos,
otro comido por los hormigueros,
y el cáncer sin alambradas latiendo por las habitaciones!
Hay nodrizas que dan a los niños
ríos de musgo y amargura de pie
y algunas negras suben a los pisos para repartir filtro de rata.
Porque es verdad que la gente
quiere echar las palomas a las alcantarillas
y yo sé lo que esperan los que por la calle
nos oprimen de pronto las yemas de los dedos.
Tu ignorancia es un monte de leones, Stanton.
El día que el cáncer te dio una paliza
y te escupió en el dormitorio donde murieron los huéspedes en la epidemia
y abrió su quebrada rosa de vidrios secos y manos blandas
para salpicar de lodo las pupilas de los que navegan,
tú buscaste en la hierba mi agonía,
mi agonía con flores de terror,
mientras que el agrio cáncer mudo que quiere acostarse contigo
pulverizaba rojos paisajes por las sábanas de amargura,
y ponía sobre los ataúdes
helados arbolitos de ácido bórico.
Stanton, vete al bosque con tus arpas judías,
vete para aprender celestiales palabras
que duermen en los troncos, en nubes, en tortugas,
en los perros dormidos, en el plomo, en el viento,
en lirios que no duermen, en aguas que no copian,
para que aprendas, hijo, lo que tu pueblo olvida.
Cuando empiece el tumulto de la guerra
dejaré un pedazo de queso para tu perro en la oficina.
Tus diez años serán las hojas
que vuelan en los trajes de los muertos,
diez rosas de azufre débil
en el hombro de mi madrugada.
Y yo, Staton, yo solo, en olvido,
con tus caras marchitas sobre mi boca,
iré penetrando a voces las verdes estatuas de la Malaria.
(Federico García Lorca. "Poeta en Nueva York")